La trayectoria de la firma cántabra Sayme, que diseña y desarrolla sensores inalámbricos, demuestra que en ocasiones resulta más sencillo triunfar fuera de la región que en ella.
La compañía, dirigida por Jesús Murat y ahora ubicada en el polígono de Tanos-Viérnoles, nació en 2007 como una spin-off de la Universidad de Cantabria con un objetivo claro: implantar sistemas inalámbricos en grúas torre para monitorizar su rendimiento y evitar posibles sobrecargas. Sin embargo, la crisis económica golpeó duramente al sector de la construcción y ante la fuerte caída de su actividad, se vio obligada a redefinir su modelo de negocio para sobrevivir.
En 2013, captó un proyecto para sensorizar los contenedores de basura de Santander, una iniciativa encaminada a convertir la capital cántabra en un laboratorio inteligente dotado de una red de sensores repartidos por farolas, contenedores, plazas de aparcamiento, autobuses, edificios municipales y zonas verdes, para obtener datos muy precisos e instantáneos sobre el tráfico, niveles de ruido, contaminación, temperatura y humedad, entre otros. “Ganamos el concurso junto a NEC y Everis. Todavía quedan dispositivos colocados en Santander, pero no están operativos porque no le dieron el mantenimiento que requería”, explica Juan Manuel Fernández, el director de operaciones.
El encargo supuso un punto de inflexión para Sayme, pero dadas las escasas oportunidades de crecimiento que ofrecía el mercado cántabro, decidió poner el foco en otras comunidades autónomas e, incluso, apostar por su internacionalización.
Fruto de ese esfuerzo por expandirse, recaló en Reino Unido. La empresa se adjudicó un contrato del Ayuntamiento de Westminster para instalar –en colaboración con la multinacional francesa Veolia– 600 sensores destinados a la medición en tiempo real del nivel de llenado de sus contenedores. También en Mafra y Faro (Portugal) instalaron alrededor de 1.200 dispositivos de este tipo a través de Compta, una compañía lusa de telecomunicaciones.
Múltiples funcionalidades
Parte del éxito de la compañía está en el carácter innovador de sus productos, en los que han sido fundamentales las inversiones en i+D y el trabajo diario de su plantilla, formada por 15 trabajadores.
Con sus sensores, basados en el Internet de las Cosas (IoT), las gestoras de residuos pueden optimizar sus rutas de recogida en función del nivel de llenado de los contenedores, reducir sus costes operativos y minimizar las emisiones de dióxido de carbono, además de facilitar una mejor planificación del reciclaje y el transporte a vertederos.
Estos aparatos, alimentados con baterías de bajo consumo, son robustos y compatibles con cualquier tipo de residuo y contenedor, independientemente de su fabricante y tamaño. Su versatilidad es muy grande, ya que detectan incendios, vuelcos, vaciados, desplazamientos y niveles bajos de batería, notificando esas circunstancias al cliente para una rápida actuación.
Al generar alertas tempranas, los servicios de emergencias pueden acudir antes de que se queme totalmente un contenedor o de que se produzcan daños en el mobiliario urbano y en vehículos situados en sus proximidades. “Realizamos una prueba con los bomberos del Ayuntamiento de Zaragoza y se comprobó que desde que se tiraba una cerilla encendida hasta que recibían una llamada de alerta solo transcurrían dos minutos y medio”.
La información recopilada por estos sistemas sensóricos –que ahora tienen instalados en casi todas las provincias– está a disposición del cliente, pero Sayme también puede visualizarlos desde su sede, de forma que si ocurre una incidencia, puede notificarla con rapidez.

Una cerradura que identifica al usuario
Otro de sus desarrollos es el Sayme Dumpster Lock, una cerradura electrónica de contenedores equipada con un lector NFC que permite identificar a los usuarios y registrar, incluso, los depósitos de residuos que realiza, un avance de gran interés para la política de la Unión Europea, orientada a aplicar en cuanto sea posible el principio de “quien contamina, paga”. El sistema de la empresa cántabra es un paso decisivo en esa dirección, pero no siempre para cobrarle más al usuario sino también para compensar al que recicla o genera menos residuos. En concreto, “la intención del Council de Westminster al contratarlo era bonificar a los barrios que más reciclaran con ayudas sociales”, explica Fernández.
Con este sistema, compatible con los sensores inalámbricos de la compañía, Sayme ha llegado a ciudades como Nueva York, donde la gestión de residuos es un desafío de primer orden, debido al tamaño y densidad de su población, a su sistema de recogida de residuos –en gran parte manual todavía– y a la proliferación de ratas. “Para ellos, el concepto de contenedor es casi revolucionario”, constata Fernández.
Hasta ahora, lo habitual era dejar la basura en la calle y esperar a que un grupo de dos o tres operarios la cargase a un camión, una gestión tan antihigiénica como ineficaz. “Dejar la basura en la calle es como dar de comer a las ratas”.
La llegada de Sayme a La Gran Manzana no fue casual. Para dar ese salto, la compañía cántabra se apoyó en el fabricante español de contenedores Contenur, como socio estratégico. Contenur había ganado una licitación en Estados Unidos para desplegar y mantener sus contenedores de carga lateral en Nueva York y confió en Sayme para incorporar la tecnología necesaria. “Hicimos un buen trabajo, con el despliegue de una red de 1.500 dispositivos”, resalta.
Contenur ya había probado tanto los sensores como las cerraduras electrónicas desarrolladas por Sayme con anterioridad, y lo que terminó de inclinar la balanza fue la capacidad de la firma cántabra para ofrecer todas las capas de la solución, desde el hardware y su encapsulado hasta la electrónica, el software y el servicio posventa. Pero, sobre todo, proporcionan soluciones adaptadas a las necesidades del cliente, algo que las grandes multinacionales no suelen hacer, ya que acostumbran a comercializar productos cerrados. “Somos una empresa pequeña en Cantabria, pero tenemos un equipo técnico de ingenieros muy bueno”, enfatiza su gerente. Esa metodología de trabajo es que entidades como Ecoembes o Contenur les hayan confiado sus propios desarrollos.
Las mismas cerraduras instaladas en Nueva York también estarán presentes en Torrelavega, ya que la compañía acaba de adjudicarse junto con la empresa Itgest una licitación para desplegar 450 unidades en el municipio.
Sensores para la industria
Aunque los sensores y las cerraduras electrónicas para la gestión de residuos se han convertido en la principal línea de negocio, la empresa siempre tuvo claro que diversificar su actividad en distintos mercados era ineludible en su plan estratégico. En estos años, también ha desarrollado sensores inalámbricos a medida para la localización y trazabilidad de activos y logística interna en plantas y almacenes, una solución para clientes industriales tan variopintos como Campofrío, Textil Santanderina o Mercedes Benz.
Uno de los desarrollos más destacados es el Sayme Button, un dispositivo de seguridad personal que se integrado en cascos, pulseras o equipamiento laboral, para trabajadores que desempeñan su actividad en solitario o en condiciones de riesgo.
El mecanismo envía alertas, a través de un pulsador o de forma automática, si detecta una caída, un impacto o una pérdida de consciencia, junto con la localización del operario. Tras su aplicación inicial en tareas de mantenimiento eléctrico, ha sido adaptada a fábricas, turnos nocturnos o incluso estaciones de esquí y hospitales de campaña como el de Ifema de Madrid, que se levantó durante la pandemia para atender a pacientes con Covid-19. Junto a Vodafone, Sayme instaló estos pulsadores inalámbricos en el cabecero de las camas de los pacientes. “En un hospital convencional hay centralitas, pero en Ifema no había tiempo para desplegar todo el cableado”.
Hace poco menos de cinco años, Sayme logró también un contrato público para implantar unos rastreadores con los que sigue la trazabilidad completa de todos los trenes del Metro de Río de Janeiro, en Brasil. Con balizas integradas en las vías y dispositivos instalados en la cabeza y cola de cada convoy, controla el flujo de cada línea y optimiza la gestión operativa, el mantenimiento y la seguridad de una red ferroviaria que mueve casi un millón de viajeros al año, y está compuesta de tres líneas, 41 estaciones y 296 vagones repartidos en 49 convoyes.
Sus dispositivos sirven también para monitorizar la temperatura de la cadena de frío de empresas como Starbucks o el Grupo Vips y en varios parques temáticos estadounidenses de Disney se utilizan para detectar aperturas de puertas en food trucks.
A la empresa australiana ATF Services, fabricante de cercas temporales y equipos de protección en altura, le ha suministrado 3.000 dispositivos, con los que tienen localizados en todo momento a sus trabajadores y sus activos industriales.
La normativa europea está impulsando la puesta en marcha de sistemas sensóricos y eso hace que Murat se muestre optimista al hablar del futuro, pero es consciente de que en un sector como el suyo, el éxito del pasado no garantiza el del futuro y las innovaciones han de ser permanentes: “Algunas de nuestras soluciones se quedan obsoletas y siempre nos estamos adaptando a lo que necesita el mercado”, admite.
